Después de más de dos siglos años de generar riqueza bajo un sistema piramidal o funcional de las organizaciones, con las consecuencias que hoy estamos sufriendo, que se traducen en altos índices de pobreza y de insatisfacción entre los ciudadanos, surge una esperanza de que el esfuerzo de quienes han producido un siglo atrás, sirva de plataforma para enfrentar los retos que nos plantea la Sociedad del Conocimiento que asume los cambios trascendentaales que demandan los nuevos tiempos.
Esta esperanza de transformación se llama Sistema Empresa Inteligente (SEI).
Es una realidad que nuestro país está pasando por una crisis continuada que va desde lo político hasta lo más sentido de la sociedad. Por si fuera poco, las circunstancias económicas del mundo globalizado han hecho que las crisis se agraven y que alejen más la solución que todos esperamos. Sin embargo, con las premisas y postulados que contiene el SEI, podemos aspirar a “salir del hoyo” dignificando la labor de los trabajadores.
La tarea que se ha echado a cuestas Anibal Basurto y sus seguidores tiene un grado de dificultad enorme, principalmente por el nivel educacional tan bajo que tenemos en México, punto de partida que siempre identificamos cuando se trata de encontrar las causas de nuestros males. Otra limitante y gran barrera para avanzar en el sector productivo es la obsoleta cultura empresarial que maniata a los empresarios para hacer los cambios que exige el siglo XXI.
Pero no todo es negativo. La metodología que está aplicando el SEI para convencer a los empresarios de que escuchen el clamor de la sociedad que pide cambios, es convincente por su fuerza moral. No es posible avanzar si no se armonizan la Misión y Visión de las partes.
Los conceptos nuevos de la Empresa Inteligente, como lo son el dignificar a las personas que producen; identificar al cliente verdadero; promover el capital intelectual como eje de la Visión; buscar los rendimientos de las organizaciones a través de la gente; descubrir los liderazgos en el equipo humano; fomentar la competitividad para trascender; en fin, la suma de todo, son el esfuerzo por hacer realidad la transformación de fondo y forma de las organizaciones, pero sobre todo, de las personas.
Una vez que se venza la resistencia de los que mandan, podemos esperar que, además de la transformación de las organizaciones, se logre despertar en los ciudadanos el movimiento que hace muchos años es materia de discurso, y que por problemas culturales (otra vez la cultura) no hemos logrado concretar: la transformación de la sociedad en su conjunto.
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